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Portada Un mundo global Un mundo global “En Uruguay hay muchas leyes que van por el buen camino en el ámbito de la igualdad de género, pero con tropiezos”. Entrevista a Jhonny Reyes
“En Uruguay hay muchas leyes que van por el buen camino en el ámbito de la igualdad de género, pero con tropiezos”. Entrevista a Jhonny Reyes PDF Imprimir E-mail
Escrito por P.F.F.   

Jhonny, vienes recorriendo espacios, en los que hemos coincidido, unos en persona, otros formando parte de vinculaciones más simbólicas. ¿Puedes trazar unos perfiles de tu recorrido vital?

Bien, además del compromiso personal como varón profeminista, integro una ONG cuya temática principal son las masculinidades y el género, y un colectivo de varones junto a 6 compañeros que es parte importante del compromiso político-afectivo con la equidad de género (sobre todo con mi vida). Mi nombre es Jhonny Reyes Peñalva, nací en la ciudad de Dolores, Uruguay, hace 36 años.

Estudié la Licenciatura en Sociología, tengo formación en violencia masculina, sexualidades masculinas, masculinidades plurales y diversas en América Latina. Mi actividad laboral principal se desarrolla en el Ministerio de Desarrollo Social como Coordinador de Campo. Coordino equipos que desarrollan el trabajo de campo de buena parte del Ministerio, relacionado con los programas que tienen como persones beneficiarias, aquellas que viven en contextos más vulnerables.

En este recorrido y entre estos compromisos, comentas a la vez algunas experiencias que te llevan fuera de tu tierra. ¿Puedes explicar brevemente estas vivencias?

Me recibí de Sociólogo allá por el 2003, debido a que necesitaba un trabajo y un cambio de aires. A los dos días de defender el trabajo final de la carrera, estaba en un avión rumbo a Ibiza, para posteriormente residir como inmigrante ilegal en Palma de Mallorca de diciembre de 2003 a octubre de 2009. Allí trabajé en un taller de reparación de barcos, de camarero ocasional, peón de obra, jardinero y desempleado. No me esforcé mucho en obtener la legalidad. Con el tiempo entendí que no deseaba permanecer de por vida allí. Regresé a Uruguay sintiendo que había cumplido una etapa de aprendizajes necesaria e inolvidable. Con algunos obstáculos terminé de encontrar trabajo en una consultora privada como coordinador de campo. Luego ingresé como funcionario contratado en el Ministerio de Desarrollo Social como supervisor de equipos de campo y ahora trabajo como coordinador de equipos.

¿Está ya firme en tí la búsqueda que actualmente te moviliza?

Poco a poco fui interesándome en el tema de las masculinidades, pues mi interés en los feminismos y las sexualidades de los varones no habían sido tan trabajadas por mí en aquellos años mallorquines y sentía esas ausencias. Formé parte de un colectivo de varones de mediados del 2011 a mitad del 2012. Ocasionalmente dábamos charlas sobre nuestra experiencia y opiniones sobre lo que considerábamos eran las nuevas masculinidades.

A partir del 2013 con talleres, encuentros, charlas y otros aprendizajes encima decidí capacitarme para facilitar grupos de varones que deseasen dejar el ejercicio de la violencia intrafamiliar. La capacitación me “dio vuelta”, hablando a nivel personal y/o existencial. Tuve que trabajar mis violencias por cuatro días y me di cuenta que aquel muchacho que se creía muy abierto contenía dentro de sí muchas violencias, sobre todo aquellas de alguien que conoce el enfoque de género pero las justifica y minimiza, creyéndose diferente del resto de misóginos y machistas de turno.

A mitad del 2013 junto a Darío Ibarra, director de la ONG “Centro de Estudios sobre Masculinidades y Género”, comenzamos a facilitar un grupo de hombres que deciden dejar la violencia, en convenio con el gobierno municipal de Montevideo. Seguimos facilitando hasta ahora, y hemos ganado la nueva licitación abierta para continuar con este trabajo hasta mediados del 2017.

Durante estos años, a través del trabajo de mis violencias y el contacto con otro/as compañeros/as, fui generando en la ONG un espacio para poder desarrollarme como docente y tallerista en masculinidades, violencias masculinas, sexualidades masculinas y otros temas afines.

Estas experiencias parecen hacer aflorar con fuerza en ti, un compromiso de cada vez más sólido. ¿ Cúales son los principales retos actuales?

En Agosto del año pasado, recibí el apoyo de MenEngage y de compañeros de Lazo Blanco de Chile y Argentina para ser referente de Campaña Lazo Blanco Uruguay, una campaña sin fines de lucro que busca involucrar a varones para que se manifiesten contra la violencia hacia las mujeres. Creemos no sólo necesario, sino urgente la generación de grupos de hombres en redes que se posicionen contra todo tipo de violencia machista, de misoginia y de homofobia y transfobia, además de comprometerse a cuestionar sus privilegios para renunciar a ellos en el contexto de un sistema patriarcal.

Mi experiencia y activismo no se circunscribe sólo a lo institucional, ya que también se enmarca en mi experiencia en un colectivo de varones, en el que trabajamos nuestras construcciones de varones desde  lo vivencial y lo teórico. Este colectivo es uno diferente a aquel que participé del 2011 al 2012. Llevo en el mismo desde hace poco menos de un año. Puedo decir que se inscribe en el ámbito de una ONG que promueve el enfoque de masculinidades y género y un colectivo de varones con perspectiva antipatriarcal y con organización autónoma en relación al Estado y los partidos políticos.

 

¿Esta organización, grupo, entidad de qué modo se estructura? ¿Puede describir brevemente el modelo organizacional?

El modelo organizacional del CEMG consta de un referente, que fue quien le dio origen y quien comenzó a trabajar en masculinidades en Uruguay desde hace un tiempo, que es Darío Ibarra. Luego entre un grupo de compañeros y compañeras, fuimos dándole forma, regularizando la organización, obteniendo los avales del Ministerio de Educación y Cultura para dictar cursos y demás trámites administrativos para darle una entidad legal. Además del referente hay coordinadores/as por áreas: el coordinador del área de violencia que es el mismo director, una coordinadora de la plataforma de aprendizaje virtual, un coordinador del área de paternidades, y otra coordinadora del área de investigación. Pero más allá de las coordinaciones tenemos una forma de trabajo bastante horizontal en la que proponemos actividades, campañas o talleres, las compartimos al referente y al grupo, y las vamos desarrollando. En mi caso realizo actividades de docencia y taller en la temática de masculinidades, violencia masculina y/o sexualidades masculinas, contando con la confianza de mis compañeros/as y con el apoyo de ellas/os en determinados momentos en que necesite su conocimiento, proactividad, compromiso. De igual manera ellas/os cuentan conmigo para ayudar ya sea a preparar café, dictar una clase, co-facilitar una dinámica, fotocopiar programas o participar de una exposición. Intentamos hacer desde lo cotidiano, lo minúsculo, para consolidar un lugar de aprendizaje y trabajo interno / externo, en el que podamos ser coherentes con lo que predicamos. Es todo un desafío, me encanta.

En cuanto al colectivo en el que participo, partiendo de las premisas de la educación popular de Freire y los movimiento sociales latinoamericanos, funcionamos como un espacio asambleario en el que nos cuidamos de caer en aquellos privilegios que denunciamos, aún con el riesgo de ser los privilegiados que quieren dejar de serlo.

 

¿Cuáles son los principales objetivos, parámetros, posicionamientos, sobre los que se interviene desde la organización? Educativos, militancia política, lucha popular, trabajo con hombres, grupos de reflexión, etc.

El CEMG es una institución civil sin fines de lucro, con sede en Montevideo, Uruguay, integrada por profesionales de la salud y las ciencias sociales, comprometidas/os con la equidad de género, especializadas/os en estudios de varones, masculinidades y el enfoque de género. Promovemos relaciones equitativas, saludables y sin violencia hacia niñas, niños y mujeres, también las promovemos entre varones. Promocionamos la consolidación de la salud mental y física de los varones y las mujeres que sean partícipes de nuestras intervenciones e instancias educativas enmarcadas en las masculinidades y el género. Buscamos incidir en la transformación de las relaciones de género, fomentando el empoderamiento de las mujeres y la deconstrucción de los varones. Nos comprometimos en contribuir al fortalecimiento de estrategias de cambio y reflexión de los varones en el ámbito de la política pública. Fomentamos el ejercicio activo, solidario, equitativo de la paternidad como forma de renunciar a los privilegios patriarcales.

Apoyamos el desarrollo de sexualidades masculinas saludables, no dominantes, basadas en el buentrato, en relaciones de pareja saludables con las mujeres, la incorporación de la diversidad sexual en el espacio de las masculinidades, el ejercicio de una sexualidad abierta a aprendizajes, creativa, respetuosa de las demás personas. Defendemos los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres mediante un firme posicionamiento político a favor del aborto. Esto en cuanto a la organización civil.

En referencia al colectivo de varones en el que participo con otros compañeros (sin nombre aún), como dije antes, nuestros encuentros y experiencias ponen en discusión nuestro machismo cotidiano y nuestra misoginia, la homo-lesbo-transfobia que internalizamos, los privilegios que portamos y nuestros miedos como son el hecho de sentirnos vulnerables y emocionales. Anhelamos la cooperación antes que la competencia, y valoramos mucho la pregunta “¿Cómo estás?”.

 

¿Puedes describir cuales son los más destacados elementos que configuran la dinámica en cuestiones de género, en tu zona (ciudad, región, país)?

Con respecto a Uruguay te podría decir que hay muchas leyes que van por el buen camino en el ámbito de la igualdad de género pero con ciertos tropiezos.

Se aprobó la ley de matrimonio igualitario (que no sólo permite casarse a personas del mismo sexo, sino también, entre otras cosas, cambiar el orden de los nombres de quienes contraigan matrimonio deshaciendo el lazo patriarcal del linaje). El país tiene en los sondeos una aprobación muy alta en relación al casamiento de personas del mismo sexo. Sin embargo, la discriminación a las diversidades sexuales es evidente en la vida cotidiana.           

Se aprobó la ley que despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo con una ley obtenida de acuerdos políticos, que no es la mejor ni de cerca, pero permitía a las mujeres decidir sobre su cuerpo; bien, pues ahora nos enfrentamos al recurso presentado por personas objetoras de conciencia que han conseguido la desaprobación de artículos del decreto que regula la ley. Esto obstaculiza el derecho de las mujeres a acceder a información sobre el aborto si la persona objeta conciencia, pues la misma no está obligada a informar sobre otro lugar donde la mujer pueda atenderse. En ese sentido, si bien se han disminuido a cero las muertes por abortos entendemos que se está coartando la libertad de las mujeres de decidir sobre su cuerpo. 

Contamos con políticas públicas que promueven la equidad de género pero, sin embargo, hace falta mucho más por hacer. Es el caso de la falta de una ley integral sobre violencia de género, que no sólo involucre la violencia doméstica sino también la sexual; no es posible que sigamos teniendo como delito relacionado con el abuso sexual la figura de “atentado violento al pudor”.

Se aprobó recientemente, eso sí, una ley de acoso laboral que es un avance en relación a la equidad de género. Pero aún faltan otras que tengan que ver con el sexismo en la publicidad, el acoso callejero, y la discusión sobre la reglamentación de la prostitución (legalizada en Uruguay). Esta última es una discusión muy tímida que apenas damos un minúsculo conjunto de personas, mujeres y varones, y que no está ni cerca de ser puesta en cuestión. Me considero abolicionista y tenemos que hace un debate público sobre el retroceso que es para la equidad de género que varones paguen por sexo discusión.

Llama tristemente la atención que,  de acuerdo a la primera encuesta de prevalencia de violencia realizada en Uruguay –cuyos resultados se dieron el año pasado-, seamos un país en el que un 68.8% de las mujeres de 15 años o más han sido víctimas de violencia a lo largo de su vida, y de esas mujeres de 15 o más, un 45,4% lo haya sido en algún momento de su vida, pero en el marco de la pareja. Tenemos un enorme problema que erradicar. 

Por otro lado, me preocupa que cierto movimiento “masculinista” esté mejor organizado que los varones profeministas. Tenemos un debe con nuestras compañeras feministas, en ese sentido. Sin embargo, y para que no todo sean noticias negativas, el movimiento feminista en Uruguay está recobrando un vigor renovado, a partir de la organización de jóvenes feministas, de carácter autónomo, independiente y con importante presencia callejera, a las que algunos de nosotros apoyamos con entusiasmo, solidaridad y empatía. Es por ese camino, el de un nuevo impulso del movimiento feminista y el trabajo con varones y masculinidades, que albergo esperanzas de cambio en el mediano  plazo en Uruguay.

 

Otras cuestiones que consideres necesario añadir y relatar.

Quiero comentar un poco lo que me llevó al “V Coloquio Internacional de Estudios de Varones y Masculinidades”. Se trata del trabajo que presentamos, el cual hace hincapié en la experiencia de nuestro trabajo desde el CEMG, con hombres que deciden dejar la violencia. Este trabajo se desarrolla en convenio con el gobierno de la ciudad de Montevideo y surge a partir de un llamado que se realizó en el 2013 y en el que resultamos elegidas/os. Trabajamos con la metodología CECEVIM, que -si me permiten- está explicada detalladamente en la 

a) desde una política pública,ponencia [2]. En el trabajo, escrito junto a Yanela Lima (psicóloga, referente del programa en la Intendencia de Montevideo) y Darío Ibarra Casals (psicólogo, director del CEMG y facilitador del grupo), citamos el contexto social en el que surge esta forma de trabajo, describimos el marco teórico y metodológico del modelo, presentamos números de forma muy sucinta, y realizamos unos apuntes para el trabajo con varones de aquí en más en Uruguay. Cabe acotar que, más allá del caso de otra institución que trabaja hace años en Uruguay y de otros esfuerzos puntuales por trabajar la violencia con hombres, esta es la primera vez que sea realiza:

b) bajo un modelo que permite el seguimiento y el análisis claro del proceso,

c) con la condición que los facilitadores trabajemos nuestras violencias en el mismo modelo, no necesariamente durante las sesiones grupales pero sí en espacios de la ONG. 

Este último punto es para nosotras/os de las facetas más destacadas del modelo, pues nos exige coherencia, empatía y reconocimiento de los privilegios de manera constante. No es menor, y corresponde un desafío que nos atraviesa como profeministas. Personalmente debo admitir que parte de lo que era comenzó a morir después de revisar mis violencias. Algo de esto fue lo que esbozamos en las conclusiones de la ponencia. En relación con el tema del trabajo interno y recordando que quien me realiza esta entrevista es un compañero con el que he compartido no sólo el Coloquio sino el “Tercer Encuentro Nacional de Colectivos de Varones” en Argentina, con nuestro recién formado colectivo desde Uruguay, quiero hacer mención al activismo desde este espacio también. No puedo explayarme mucho porque me comprometí con los compañeros a respetar los temas que tratamos y el manejo público de nuestras discusiones (es lo que acordamos por ahora).

Sin embargo,  debo decir que la participación en este colectivo es un aspecto importante de mi compromiso con el movimiento feminista y con mi responsabilidad como privilegiado que participa en la tarea de erosionar el patriarcado desde donde me toca. Es hora que quienes estamos en la senda del profeminismo digamos alto y claro lo que pensamos de este sistema, para que demos voz a nuestras ideas, que son construcciones colectivas y digamos alto y claro a los machistas / conservadores / macho-progres / misóginos / masculinistas: No en mi nombre. Un siglo XXI sin feminismo es más de lo mismo.

_______________________________________________________________________

[1]    Desde ahora, Jhonny Reyes es corresponsal de la revista “Hombres igualitarios” en Uruguay.

[2]    Esta ponencia puede descargarse en la web del Coloquio, tal como indicamos en la reseña de nuestro anterior número de la revista. 

 

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