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Recomendamos "Desmontando a Monsieur X": Sobre la instalación «Prenez soin de vous» («Cuídese mucho») de Sophie Calle. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Juanjo Compairé   

Puede verse en La Virreina, Centre de la imatge (Rambla, 99,  Barcelona), «Modus vivendi», del 3-3-2015 al 7-6-2015.

_______________________________________________________________________ 

Sophie Calle es una conocida artista conceptual francesa, cuya obra hemos ido conociendo en nuestro país. Ahora tenemos la oportunidad de ver diversas propuestas suyas en Barcelona, algunas muy sugerentes, otras quizá no tanto.

Pero para la revista vamos a seleccionar una de sus instalaciones, que procede del 2007 y que fue presentada por su autora en la Bienal de Venecia.

Sophie Calle recibió, según parece, un correo electrónico de ruptura de un amante suyo, un Monsieur X cuyo nombre se nos oculta. El mensaje acababa, como veremos, con la frase que da título a la instalación: «Prenez soin de vous», que podemos traducir literalmente por «Cuídese mucho», pero que también podríamos ver como una fórmula versallesca de mandar a alguien a freir espárragos, por no decir algo aún más fuerte.

¿Cuál fue la reacción de Sophie? Escuchemos sus propias palabras: 

«No supe qué responder. Era como si  [el mensaje] no estuviera dirigido a mí. Terminaba con la frase «Cuídese mucho» y así lo hice. Le pedí a 107 mujeres, elegidas por su profesión o sus habilidades, que interpretaran la carta, que la analizaran, la comentaran, la bailaran, la cantaran, la agotaran. Que la entendieran por mí. La respondieran por mí. Era una forma de darme tiempo para cortar. Una manera de cuidarme».

Convertir la rabia en creación de arte, con humor e ironía.

 

 

Y en esto consiste la instalación. Lo que podría haber quedado en un asunto personal y particular, Sophie lo convirtió en un acto colectivo, social y, por tanto, de acción artística y política. Pero vamos por partes. Veamos primero la traducción del mensaje electrónico, enviado por Monsieur X:

 

«Sophie,

Llevo un tiempo queriendo escribirle y contestar a su último e-mail. Al mismo tiempo, me parecía mejor hablar con usted y decir lo que tengo que decirle de viva voz.

Por lo menos, esto quedará ya escrito.

Como ya sabe, últimamente me he sentido mal. Como si ya no fuese yo mismo en  mi propia existencia. Una especie de angustia terrible contra la que poco puedo hacer, salvo avanzar a toda prisa en un intento por dejarla atrás, como he hecho siempre. Cuando nos conocimos, usted puso un condición: no convertirse en «la cuarta». He respetado el compromiso: ya hace meses que dejé de ver a las «otras», puesto que no tenía forma de seguir frecuentándolas sin convertirla a usted en una de ellas. 

Creí que eso sería bastante, creía que el quererla yo y el quererme usted bastaría para que la angustia que me empuja siempre a buscar en otros lugares y me impide por siempre más estar tranquilo y sin dudarlo ser simplemente feliz y «generoso» se calmase con su presencia y con la certeza de que el amor que me aportaba era lo más beneficioso para mí, lo más beneficioso que haya conocido jamás, como bien sabe.

Pensé que escribir pondría remedio, que disolvería mi «intranquilidad» y me permitiría ir a su encuentro. Pero no. Me siento aún peor; no puedo ni decirle en qué estado me encuentro. 

Así, esta semana empecé de nuevo a llamar a las «otras». Sé lo que esto significa para mí y a qué ciclo me arrastrará. No le he mentido nunca y no estoy dispuesto a empezar a hacerlo hoy.

Al principio de nuestra relación, usted había anunciado otra regla: que el día en que dejásemos de ser amantes, no se plantearía volver a verme. Sabe hasta qué punto esta imposición me resulta desastrosa, injusta (puesto que usted sigue viendo a B., R.,...) e incomprensible (evidentemente...); de modo que no podría nunca convertirme en amigo suyo.

Pero hoy, el hecho de que acepte plegarme a su voluntad, a pesar de que echaré terriblemente en falta verla, hablar con usted, aprehender su visión de las cosas y los seres y su dulzura da cuenta de la importancia de la visión que tomo.

Pase lo que pase, tenga presente que no dejaré de amarla de ese modo que me es propio, como lo hice desde que la conocí, un modo que seguirá vivo en mí y, estoy seguro, no morirá.

Pero hoy sería la peor de las farsas tratar de prolongar una situación que, lo sabe tan bien como yo, ya no tiene remedio por respeto al amor que le tengo y al amor que me tiene y que me obliga ahora a ser franco con usted, como un último tributo a lo que compartimos y que será, por siempre, algo único.

Me hubiese gustado que las cosas fuesen de otro modo.

Cuídese mucho.

  

«Esta carta fue escrita aparentemente por un manipulador, un seductor, cuyas relaciones con otras mujeres están basadas en la dominación y el poder. Este poder es no-agresivo, suave y sutil (...) pero es muy efectivo porque se las arregla para exonerarse (...) y hacer sentirse culpable a su interlocutora».

 

 

La instalación. 

La  instalación consta, pues, de las interpretaciones que de este mensaje hacen esas 107 mujeres (en realidad, 106 mujeres y una loro hembra, que realiza una «performance» muy divertida con la carta y que repite varias veces «cuídese, cuídese»).

Sophie las fotografía, con la carta en la mano. Podemos ver así mismo algunos vídeos de mujeres leyéndola (la mayoría en francés, pero también en español y portugués), cantándola, comentándola, bailándola. Las mujeres participantes son profesionales, científicas, algunas actrices (entre ellas, Jeanne Moreau, María de Medeiros o Victoria Abril), músicas, pensadoras, escritoras, videntes, danzarinas, psiquiatras, etc.

El amor no debería ser utilizado como remedio para su malestar y «el Otro» no debería estar ahí para sanarlo. Al contrario, él debería darle «al Otro».

 

 

Entre ellas, la primera, la madre de la artista, que le comenta a su hija, entre otras cosas: «esta carta que apesta a autoobsesión no me sorprende». Intenta consolar a su hija diciéndole que, en medio de todo, Monsieur X ha sido honesto. Pero, irónicamente, le comenta: «Como diría Woody Allen, todo el mundo dice: te amo (...) Un fontanero habría hablado de cómo sus sentimientos gotearon hasta secarse; un electricista habría mencionado un «cortocircuito» súbito». Le dice que su madre la quiere y que «un clavo saca a otro clavo» y que pronto encontrará a alguien mejor. Y que está segura de que «para tí esta ruptura podría ser fuente de una obra de arte nueva, ¿me equivoco?». La instalación que vemos, pues, surge del impulso de la madre de Sophie. Convertir la rabia en creación, desmontar con ironía, con humor, a Monsieur X, este es el origen de esta obra de arte.

Vale la pena ver las diversas performances. Algunas están en Internet. Vamos a centrarnos en algunos comentarios que le hacen y que parten de experiencias similares con otros hombres. Porque, como le comentan repetidamente, la forma de actuar de Monsieur X es la propia de muchos varones franceses. Y no únicamente franceses.

 

«Dice «yo» más de treinta veces en una carta de 23 frases»

 

 

Los comentarios.

Algunas reacciones de las mujeres convocadas por Sophie no son textuales. Pero las que sí lo son las podemos resumir en la expresión que le envía su amiga Françoise Gaspard, experta en derechos de la mujer de la ONU: un enorme y  expresivo «¡UF!»

Hay algunas más expresivas, pero coincidentes, como la editora Sabrina Champenois: «El amante pérfido (...) ¿Honestidad o cobardía?». Eliette Abécassis, exégeta del Talmud, coincide: «¿Cobarde o sublime?».

Una echadora de cartas, Maud Kristen acaba su predicción con estas palabras: «Es la carta de un hombre que está desesperado y se siente amenazado, que tuvo que luchar mucho para expresarse».

Hay alguna, como Victoria Abril que, en sus propias palabras, «hace de abogada del diablo» y que recrimina a Sophie que haya puesto reglas al amor, puesto que el amor no las admite. Señal de que aún hay mujeres que tienen una concepción absoluta del amor, que podemos llamar romàntica.

Otras, sin embargo, optan por la ironía y la lectura crítica de la carta de M. X. Me ha llamado la atención, por ejemplo, lo que escribe la historiadora Arlette Farge, que sitúa a Monsieur X como un cortesano libertino del siglo XVIII. Lo que viene a decir que las actitudes de algunos hombres no han cambiado desde hace hace tres siglos.

La correctora de estilo Valérie Lermite, después de agujerear el texto con propuestas de rectificación, dictamina: «Un texto corto y repetitivo». 

 

Sexualidad compulsiva, dificultad por el compromiso, evitación del conflicto (...), egocentrismo (...), soberbia (...) ¿Hay otra palabra que lo exprese mejor que «machismo»?

 

 

Sin embargo, los análisis más detallados se los hacen la criminóloga Michèle Agrapart-Delmas y la consultora del «savoir vivre» y condesa de Toggenburg, Aliette Eicher. Resaltemos algunas apostillas críticas que le hacen a Sophie:

La criminóloga le espeta claramente: 

«Esta carta, si es auténtica, fue escrita aparentemente por un manipulador, un seductor, cuyas relaciones con otras mujeres están basadas en la dominación y el poder. Este poder es no-agresivo, suave y sutil, el ascendente poder de la labia, pero es muy efectivo porque se las arregla para exonerarse de cualquiera de sus actos que puedan ser percibidos como negativos, para hacer sentir culpable a su interlocutora y así posicionarse como víctima.

(...)incapaz de lidiar con el conflicto, su escritura es deliberadamente evasiva, manteniendo así cualquier distancia (...) hacia cualquier juicio que pudiera empañar su imagen.

Sexualidad ansiolítica (...) Sólo las voces de las otras amantes pueden aliviar su malestar. (...) Pero no es culpa suya, no lo hace a propósito, pero seguramente lo hará de nuevo. 

(...) Él puede verte a los ojos y mentir. Quiere proyectar la imagen de persona frágil, amable, pero la ansiedad, de la que no puede hacerse responsable, lo sumerge (...)

No le gustan las restricciones o las órdenes. De paso, da un pequeño golpe  (puesto que usted sigue viendo a B., a R,...) y pone a su interlocutora en el papel de criminal. (...). La estoy destruyendo, la estoy desgarrando, pero, pase lo que pase, ¡cuídese mucho!

(...) Finalmente un pequeño refrán romántico: Te amo, siempre te amaré, etc. Parece como si fuera ella la que le dejara a él. Los roles se cambian. 

(...) Es orgulloso, narcisista y egocéntrico (dice «yo» más de treinta veces en una carta de 23 frases). (...) Es un auténtico manipulador, perverso, psicológicamente peligroso y buen escritor. 

Que hay que evitar a toda costa»

Y la condesa va copiando fragmentos de la carta y apostillándolos:

«(...) Como ya sabe, últimamente me he sentido mal. ¡Pobrecito!

Como si yo ya no fuera yo mismo en mi propia existencia. ¿Qué nos importa? Él no debería hablar de sí mismo.

Cuando nos conocimos, usted puso una condición: no convertirse en «la cuarta». ¡Qué mal por su parte! (...) Él mismo debió haberte hecho este ofrecimiento con la mayor discreción.

He respetado el compromiso: ya hace meses que dejé de ver a las «otras», puesto que no tenía forma de seguir frecuentándolas sin convertirla a usted en una de ellas. ¡Qué torpe mencionar esas otras relaciones otra vez más! Es insultante sugerir que Madame [Sophie] pudiera ser una más de ellas.

(...) Creía que el quererla yo y el quererme usted bastaría (...). El amor no debe ser utilizado como remedio para su malestar y «el Otro» no debería estar ahí para sanarlo. Al contrario, él debería darle «al Otro»; en este caso, elevarla, elogiándola y respetándola.


« (...) Pensé que escribir pondría remedio (...) Pero no. Me siento aún peor. (...) Así, esta semana empecé de nuevo a llamar a las «otras». Utiliza expresiones egocéntricas y pomposas, salpimentadas con «mi», «me» y «yo» (...) Estos comentarios son inútiles, hirientes y humillantes.

(...) No le he mentido nunca y no estoy dispuesto a hacerlo hoy. Podría ahorrarse estas protestas de honestidad y estas justificaciones. Apenas disfrazan su tremenda falta de consideración por el Otro.

(...) Sabe hasta qué punto esta imposición me resulta desastrosa, injusta (...) ¡Pobre víctima!

(...) El hecho de que hoy acepte plegarme a su voluntad (¡hipócrita!), a pesar de que echaré en falta terriblemente verla (...) ¡Una vez poniéndose a sí mismo en el centro de todo!

(...) sería la peor de las farsas tratar de prolongar una situación que (...) ya no tiene remedio por respeto al amor que le tengo (que aparentemente no es sinónimo ni de respeto ni de compromiso emocional) y al amor que me tiene (muy presuntuoso por su parte).

(...) Me hubiese gustado que las cosas fuesen de otro modo. Sí, claro, échale la culpa a tu Mamá, al cura, al Presidente, a Madona, a tu lectura de Don Juan, a las revueltas de los suburbios y quién sabe a qué más.

Cuídese mucho. Finalmente piensa en alguien más que en sí mismo».

 

A todos los Señores X.

Hasta aquí algunos detalles de esta propuesta de Calle. Como hombre, algunas de las expresiones del mensaje de X me resuenan. Sexualidad compulsiva, dificultad por el compromiso, evitación del conflicto. Sobre todo, egocentrismo, incapacidad de empatía, soberbia (las mujeres son «las otras» o, peor aún, «otros lugares»). ¿Hay otra palabra que exprese mejor todo esto que «machismo», aunque éste sea sutil?

 

Este señor X es efectivamente una incógnita, para los demás, pero también para sí mismo. (...) Tiene una revolución interior pendiente. 

 


¿Qué hay por debajo? Cobardía, desesperación, incapacidad de expresarse (X prefiere la escritura, aunque sea de forma repetitiva y confusa, que la palabra cara a cara). Incapacidad de mantener una relación de igual a igual, con respeto. Concepción del amor como posesión (las «otras» aparecen numeradas -«la cuarta»- y prima lo cuantitativo sobre lo cualitativo de las relaciones). Victimismo e irresponsabilidad.  

Todo lo cual perfila un Monsieur X como alguien incapaz de salir de sí mismo. Pero, por eso mismo, alguien condenado a la soledad. Puede ser una soledad acompañada, escondida bajo capas de petulancia y engreimiento, pero es una soledad profunda, nacida de la dificultad de conexión, de la dificultad de amar. ¿Dónde podemos encontrar una sola expresión surgida del deseo, algo que vaya más allá de contratos, leyes, cumplimentos? ¿Quién es él, más allá de su querer continuamente quedar bien, salvar las apariencias? Albergamos la sospecha de que debajo de eso no hay nadie, salvo una tremenda inseguridad, una necesidad de disimular ese vacío con palabras corteses (pero hirientes). Este señor X es efectivamente una incógnita, para los demás, pero también para sí mismo.

Nuestra vidente, antes citada, habla de un hombre desesperado. Parafraseando lo que decimos en AHIGE, todo Monsieur X tiene una revolución interior pendiente.

Gracias, Sophie Calle, por hacernos de espejo.

(1)Sophie Calle, artista conceptual francesa, nacida en París el 1953 y que, después de viajar por todo el mundo, desde 1979 volvió a su ciudad de origen. Inspiró a Paul Auster para su personaje Maria Turner de la novela «Leviatán».

(2)Por ejemplo, ya se presentó su obra en el Palau Macaya de Barcelona (entonces era el Centro cultural de «La Caixa») el año 1997.

(3)A efectos de la obra artística poco importa si la anécdota de la que surge la instalación es verdadera o se trata de una «performace».

(4)Utilizo, adaptadas, las traducciones del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, que son las que se reparten a l*s visitantes de La Virreina. En algún caso, he adaptado alguna expresión demasiado «mexicana». Recomiendo, sin embargo, seguir los textos en la lengua original (francés, en la mayor parte de los casos).

(5)Sophie Calle, aunque afirma que nunca estudió fotografía y que es una fotógrafa diletante, ganó el premio Hasselblad, considerado como el Nobel de Fotografía el 2010.

(6)Todas las negritas de este texto corresponden al original.

(7)En francés cualquier verbo en primera persona del singular lleva siempre el pronombre «je»  (yo), cosa que en castellano no es preciso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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