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Relatos de Hombres en camino hacia la Igualdad: Mi Libro PDF Imprimir E-mail

 

Tenía 25 Años, y seguía sin tener claro que iba a hacer. Trabajaba para vivir, y vivía para divertirme. Aparentemente nada me preocupaba, y supuestamente era feliz. Tenía amigos y amigas con los que salía los fines de semana, y disfrutaba.

Con las chicas en aquel entonces, era solo para bailar, contarnos chistes y reírnos, sin derecho a roce, salvo excepciones contadas; y en estas terminaba sintiéndome culpable, comprometido u obligado a "casarme" aunque no fuese mi tipo.

No comprendía porque si besaba a una chica, se entendía que ya mi obligación era quedarme junto a ella, y sin embargo, ellas tenían la última palabra si querían o no seguir conmigo. Ellas sí me podían reclamar más compromiso usando la presión emocional y el victimismo, e incluso, rechazar sin más contemplación, y por lo tanto yo huía.

Huía y seguía buscando "mi media naranja"; "mi mujer", "la madre de mis hijos", la esposa que tendría que hacerse cargo de la casa, la comida, la ropa, y nuestros hijos; como estaba establecido por la sociedad del momento; y un día en carnavales, disfrazado de Dartañan; ese héroe defensor de la Ley y la Justicia; ese "uno para todos y todos para uno" que me inspiraba sentimientos de lealtad, honor y fidelidad con mis amigos, de quienes esperaba lo mismo a cambio, pero que no me respondían de la misma forma. Y es curioso, porque de pequeño con 11 a los 13 años leía el tebeo semanal coleccionable, "El Guerrero del Antifaz". Otro héroe similar.

Bueno, pues como decía, disfrazado de Dartañan, en una verbena conocí a una hermosa joven, y tras pasarme la noche bailando con ella, me ví tentado a quedar con ella para seguir viéndonos, pero algo en mí me dijo que no, que no era el momento de seguir repitiendo las mismas historias con chicas que a las dos semanas ya me aburrían o me querían para casarme; por lo que decidí dejarla marchar sin ni siquiera pedirle su teléfono ni su dirección.

Pobre de mi. Me pasé buscándola los siguientes tres meses de verbena en verbena y de pueblo en pueblo. Pero como la perseverancia da su fruto, finalmente la encontré.

Si, si, y hasta la fecha, pero no ha sido un camino de rosas. Durante 24 años hemos criado nuestras hijas, hemos compartido muchas alegrías, pero.... algunos momentos de conflictos, reclamaciones, exigencias, e incluso separaciones temporales.

Estas crisis eran cada vez eran más frecuentes, y llegaron a "ocultar" todos los momentos felices vividos, y todos nuestros objetivos logrados como pareja y como personas individuales. No valorábamos lo que teníamos, pues llegamos a no ser conciente de ello. Me sentía frustrado, no valorado, sin metas y sin ilusión. Con rabia y con impotencia por no saber que hacer ni como salir de esa situación.

Un día decidí que "Yo" no podía seguir así, pues incluso llegue a sentir miedo, ya que un día en uno de nuestros conflictos, y a las 3 de la mañana, en la cama, en la intención de que me dejara dormir, respondí a sus agresiones verbales y le dí una bofetada, por la cual me denunció por malos tratos. Ese día, cuando me informó de ello, me fui de casa, (En aquellas fechas aún la autoridad no venía a casa a arrestarte) y tras unos días fuera, regreso e intento dialogar con ella para convencerla que esa denuncia no solo me haría daño a mi, sino a ella y a nuestras hijas, y que ella después de 18 años sabía que yo no era ningún criminal; que lo que sucedió solo fue la respuesta a sus ataques, y que deberíamos solucionar nuestras diferencias de otra forma más sociable. Un mes más tarde ella retiro la denuncia y continuamos viviendo juntos.

Pero lo que no se soluciona y se deja a medias, vuelve para que lo arreglemos, y eso fue lo que sucedió, un año más tarde, nuevos conflictos, celos, inseguridades, desconfianzas, e interés por lo material volvieron a sucederse y volvíamos a discutir.

En esa ocasión, y temiendo volviera a suceder lo mismo, decidir irme de casa sin pedir nada a cambio. Me fui con lo puesto y mi trabajo. Alquile un apartamento y venía semanalmente a visitar a mis hijas, pero muy alerta a sus posibles reacciones. Procuré siempre hablarle con calma y no responder a sus ataques de ira. Le dije que no se preocupara, que seguiría aportando el sueldo suficiente (cosa que podía permitirme gracias a mis ingresos) para el sustento de ella y las niñas, así como los gastos de la casa, (agua, luz, teléfono, hipoteca, seguros, etc.) hasta que ella empezara a trabajar, cosa que se produjo a los dos meses aproximadamente.

Cuando esto sucedió le plantee que ya que ella tenía sus propios ingresos, habría que compartir los gastos de casa y los de manutención de las niñas, cosa que provoco nuestros enfrentamientos.

Durante estos meses ella me mostraba mucho su ira y su rabia. Me culpabilizaba de todo, me insultaba y puso a las niñas en mi contra. Yo mantenía silencio. Si tenía que entrar a casa a recoger algo, o bien se lo pedía a una de mis hijas o entraba en silencio, cogía mi ropa y me iba sin más.

Durante ese tiempo asistí a una ONG de Autoayuda, buscando respuesta a todas mis dudas y conflictos emocionales. Un amigo me aconsejó ese lugar, al verme deprimido.

Yo había perdido las ganas de vivir, y estaba en tratamiento para mi depresión. Apenas podía concentrarme en mi trabajo y fui abandonándolo. Lo deje prácticamente en manos de la empleada.

En esa ONG terminé encontrando respuestas que no sólo me sanaron, sino que comprendí qué nos sucedía a ambos. Teníamos Miedo. Vivíamos poniendo nuestras expectativas en el otro y pretendiendo que el otro nos hiciera feliz. Que entendiera mi necesidad de salir con mis amistades, que respetase mi espacio, mi deseo de ampliar mi circulo de amistades, para lo que asistía a actividades varias como clases de música, etc..., pero yo se lo negaba a ella. Se lo negaba por miedo a perderla, por celos y por inseguridades propias que me negaba a admitir y a aceptar.

No me atrevía a decirle lo que sentía. Y a ella le pasaba lo mismo. Tras entender todo esto, empecé a aceptarme y a comprometerme a superarlo. A los 4 meses, hable con ella y le propuse que acudiéramos ambos a esta ONG; así lo hicimos y empezamos a vivir juntos de nuevo.

Seis meses mas tarde entramos como voluntarios en dicha ONG, y durante 2 años participamos como moderadores de los grupos de autoayuda, tras recibir la formación necesaria dentro de la misma. Mi mujer acudía a programas de radio para hablar sobre su experiencia y yo lo hacía en radio y TV local, acompañado de la presidenta.

Durante esos 6 meses descubrimos que uno de los problemas más graves que teníamos era los roles que nos han inculcado respecto al matrimonio; (El hombre tiene que hacer esto y lo otro......, y la Mujer ha de hacer esto ......., y ninguno es libre de hacer lo que quiera); y de mutuo acuerdo decidimos romper con ellos "divorciándonos". Preparamos el acuerdo de divorcio y acudimos a una abogada para que lo tramitara, la cual quedo perpleja al vernos entrar cogidos de una mano, y con el acuerdo firmado en la otra.

Hoy día ambos tenemos claro que estamos juntos porque queremos, como pareja y compañeros de viaje, y no como "Mi Mujer o Mi Marido", de quién dependo; y nada nos lo obliga.

Ahora tenemos cada uno todo el espacio que desea, confiamos el uno en el otro, y practicamos la comunicación fluida y la expresión de los sentimientos, que siguen apareciendo, siendo conscientes que cada uno ha de resolver sus propios conflictos, reconociendo sus necesidades pendientes de cubrir y sus emociones; y hoy, después de 24 años juntos, cada uno acompaña a sus miedos, le habla a sus inseguridades y cultiva su propia felicidad, dando lo mejor de si mismo.

Hemos dejado de ser una familia de una madre, un padre y tres hijas, para convertirnos en una familia de "acogida". Hemos convivido en casa durante 8 meses con dos menores de 9 y 13 años, (varón y hembra) a los que les hemos dado lo mejor de nosotros y echamos mucho de menos. Y ahora estamos pendientes de las decisiones que debe tomar la Dirección General del Menor.

Hemos encontrado la felicidad dando lo mejor de nosotros, y yo llevo dos años trabajando en Grupos de hombres aportando mi granito de arena para una sociedad mejor. Participo en varios municipios con los Grupos de Participación Ciudadana, y tengo mis objetivos claros. Mis relaciones personales con los demás a mejorado, colaboro en la directiva de un equipo de Fútbol de Segunda Regional, y no siento vergüenza de lo que he vivido, porque se que fue necesario para encontrar lo que hoy tengo, y me reconforta saber que todos estamos en la misma búsqueda y que mi aportación puede llevar luz a quienes ahora están inmersos en los conflictos que yo viví.

Ahora vivo consciente de mis sentimientos y estoy atento para seguir aprendiendo de todo cuanto me rodea. He comprendido que los problemas son oportunidades de crecimiento y que mi objetivo es resolverlos o superarlos.

Hoy, mis hijas y mi compañera, se sienten orgullosas; me imitan en muchas cosas, y cada cual hoy vive su propia vida observando los roles que vive, haciéndose cargo de ellos y sin dependencias emocionales unos de otros.

Ah. Y hemos cambiado la culpa por la responsabilidad. Ya no nos preguntamos porque ha tenido que sucederme esto. La pregunta ahora es: "Para que me ha sucedido", y la respuesta que le doy es: para crecer, aceptarme y comprender mejor a mis semejantes. Para no enjuiciar a los demás y si para comprenderles y poder acompañarles en su proceso de avance; y para agradecerle a la vida las oportunidades que me brinda para compartir mi vida con quienes quieren acompañarme en mi camino.

 

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