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Escrito por Juanjo Compairé   

Queremos pan, pero también queremos rosas.

¿Qué pasa cuando dos grupos de desposeídos se encuentran y se dan la mano? Esta película está atravesada por este gesto, esta imagen, tan cara al movimiento obrero, de dos manos entrelazadas.

Por un lado, un grupo de gays y lesbianas, en plena explosión de la plaga del SIDA. Año 1984 (parece mentira, hace poco más de 30 años) aún «saliendo del armario», reclamando su orgullo, su alegría, el gozo de la diversidad. Como grupo están en esa fase aún inicial, sufriendo la estigmatización (el SIDA, arma pseudocientífica -entonces y ahora- para su discriminación como colectivo maldito), necesitados de autoprotección y con el peligro de encerrarse en un gueto (los «pubs de ambiente», las librerías -como la del Gethin del film, «Gay's the world»- y los conciertos «ad hoc»). Y esta esta marginación llega al interior de las familias, protegidas por la ley (hasta los 21 años uno depende entonces legalmente de la autoridad paterna; 24 años para las chicas). Nuestro protagonista Joe tiene aún 20 años y cuando llega a Londres y, a pesar de sus dudas, se acerca a su primera fiesta del Orgullo Gay, no es aún «legal».

Por otro lado, los mineros del carbón, luchando contra la implantación del neoliberalismo capitalista de Margaret Thatcher, que quiere cerrar los pozos. Después de un año seguido de huelga (que se dice pronto), con todo el stablishment en contra (empezando por los medios de comunicación), representan los estertores del movimiento obrero de viejo cuño, con sus manifestaciones como «procesiones» quasireligiosas, con estandartes y música. Pero con una solidaridad y una conciencia de clase a prueba de bomba. Extenuados después de esa larga lucha, se encuentran solos, sin apenas apoyos. Algunos, cansados, han abandonado, convirtiéndose en esquiroles. Además, el gobierno de Thatcher ha confiscado los fondos del sindicato con la intención de obligarles a ceder. La única manera que hay de solidarizarse con los mineros es entrando en contacto directamente con los pueblos mineros, que en ese momento están agotando sus últimos recursos. Éstas son comunidades con costumbres muy tradicionales.

Y he aquí que un joven líder gay, comunista, Mark Ashton, decide crear un grupo de apoyo a los mineros en huelga entre los gays y las lesbianas. No se explica mucho por qué razón, aparte de tener una enemiga común, la Thatcher y su política. El grupo, que se llamará LGSM (Lesbians and gays support the miners – «lesbianas y gays apoyan a los mineros»-) se ponen en contacto con un pequeño pueblo minero en el interior de Gales, Onllwyn. Será un grupo muy activo, pero no todo el movimiento gay-lésbico lo secundará, porque algunos lo consideran una «politización». Consideran que, en tiempos en los que el SIDA mata a muchos compañeros, ésta debe ser la prioridad.

De hecho, ésta es una historia real, pero el LGSM llegó a crear 11 diferentes grupos de apoyo.

El viaje

La película hace la crónica de este encuentro de dos colectivos tan diferentes. Y lo hace con trazos de humor, pero con realismo. Este apoyo mutuo, a pesar del fracaso final de la huelga minera, marcó a ambos grupos.

Observamos a lo largo del film cómo van cambiando las relaciones entre los sexos en las familias mineras. Una anécdota da idea de este cambio: una pareja gay explica a un grupo de mujeres que ellos viven juntos. Entonces una de ellas pregunta: «Y entonces, ¿quién...?» Cuando parece que hará la tópica pregunta («¿quién hace de hombre y quién de mujer?»), la pregunta en realidad es: «¿quién se encarga de las tareas domésticas?». Porque en la organización del sindicato se reproduce la división sexual: vemos a las mujeres al principio haciendo estas tareas, limpiando las sedes, preparando las comidas,... Aquella mujer no entiende que puede haber otras maneras de repartirse los roles.

Sin embargo, al final, estas mismas mujeres han cambiado: hablan libremente, aunque sea en tono jocoso, de sexualidad (en parte por su contacto con las lesbianas), incorporan a hombres a las tareas antes exclusivamente femeninas, las vemos «empoderadas» y sin miedo.

Vemos también algún minero que «sale del armario». Sobre todo, la llegada de gays transforma la visión de los hombres de Onllwyn sobre su propio cuerpo (hay, por ejemplo, una escena antológica de baile). Esta relación no se hace sin reticencias ni una homofobia inicial, pero –como siempre- el mutuo conocimiento disipa algunos prejuicios.

Vemos también que dentro del LGSM también hay un predominio de los gays sobre las lesbianas. Esto, por desgracia, lo hemos visto en otros momentos y es un síntoma de que el patriarcado lo penetra todo. Pero las lesbianas acabarán teniendo un papel más protagonista.

Los «pervertidos»

El movimiento gay-lésbico aporta un toque de alegría a las viejas formas de reivindicación. Se documenta el histórico concierto «Pits and perverts», de Diciembre de 1984, en el que participan grupos como Bromsky Beat, para recaudar fondos para los mineros. El nombre del concierto («Pozos y pervertidos») le da la vuelta a un titular insultante del tabloide sensacionalista «The Sun». Los gays, como antes los anarquistas y las feministas toman los insultos y se los apropian, con humor. Es toda un revolución simbólica. «¿Nos llamáis pervertidos? Pues sí lo somos».

Y así, estos «perverts» contarán con el apoyo sindical que, cuando el laborismo gane las elecciones, será determinante para el reconocimiento de sus derechos en el Reino Unido.

 

Pan y rosas

Uno de los más bellos momentos del film es una escena en la que una mujer inicia una canción sindical, que es secundada por la concurrencia: «Bread and roses» («Pan y rosas»). Esta antigua canción de las obreras norteamericanas (que también da nombre a una película homónima de Ken Loach del 2000) dice, entre otras cosas:

 

«As we come marching, marching, (...)

we battle too for men,

for they are women's children,

and we mother them again. .

Our lives shall not be sweated

from birth until life closes; .

hearts starve as well as bodies;

give us bread, but give us roses!

(...)

Mientras vamos marchando

luchamos también por los hombres,

y les damos la vida otra vez

No debemos sudar (1) nuestras vidas

desde el nacimiento a la muerte

Los corazones, como los cuerpos, tienen hambre

¡Dadnos pan, pero dadnos rosas!

 

As we come marching, marching,

unnumbered women dead

go crying through our singing

their ancient cry for bread.

Small art and love and beauty

their drudging spirits knew.

Yes, it is bread we fight for,

but we fight for roses, too! .

As we come marching, marching,

we bring the greater days.

The rising of the women means

the rising of the race.

(...) Bread and roses! Bread and roses!»

(...)

Mientras vamos marchando,

mueren muchísimas mujeres,

vamos gritando y cantando

su antiguo grito por el pan.

Sus espíritus esclavos conocieron

escaso arte, amor y belleza.

Sí, es por el pan por lo que luchamos,

pero luchamos también por las rosas

Mientras vamos marchando

traemos días más grandes.

El levantamiento de las mujeres es

el levantamiento de la raza (humana).

¡Pan y rosas!¡Pan y rosas!

 

Pan y rosas, no hay mejor resumen de este encuentro. No basta con el pan, con el salario, con los bienes materiales, aquello por lo que pelean los 

sindicatos. Necesitamos rosas; es decir, vida, libertad en la diversidad, derechos, alegría, como la que llevan los gays y lesbianas a las cuencas mineras. 

Y la vida se mide también cualitativamente.

Todas las igualdades van de la mano

Esta sencilla pero interesante película nos plantea algo que siempre hemos intuído: todas las igualdades van de la mano, todas las libertades van hermanadas. Los diversos movimientos igualitarios, de liberación, debemos ir, por consiguiente, a una. No habrá igualdad de género, los gays y lesbianas no tendrán derechos ciudadanos si no hay también igualdad social. Y al revés. Y eso, a pesar de los fracasos momentáneos, a las derrotas sindicales, a los muertos por SIDA.

Pero hay un mensaje que aparece fugazmente en el film, pero que es esencial. Hay alguien que le dice a Mark, nuestro protagonista, en un momento en que está absorbido por el activismo: «No lo des todo a la lucha; guárdate algo para tí». Y él lo hace: se dedica a vivir por su cuenta una temporada, deja de ejercer de líder. Y de alimentar su ego. ¡Qué lección para tantos que siempre viven hacia afuera, que quieren cambiar el mundo sin cambiarse a sí mismos!

________________________________________

1 En el sentido de «trabajar duro».

 

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